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En el ITESO Instan a investigar y a difundir más información sobre el impacto del ruido

La universidad fue sede del I Encuentro de Cultura Auditiva, en el que se reflexionó sobre los problemas relacionados con el ruido, su efecto en la vida de las personas y la necesidad de cambiar las políticas públicas para atender esta variable de la con

Lluvia mueve las manos con rapidez y, al mismo tiempo, hace muchos gestos. Es parte de su trabajo, al igual que el de David. Ambos son intérpretes del lenguaje de señas.
 
Detrás de ellos, una pantalla gigante proyecta una línea con picos altos y bajos que algunos pudieran confundir con un electrocardiograma pero que en realidad indica el sonido. Un medidor contabiliza los decibles de los auditorios M1 y M2 del ITESO que en ese momento iban de los 60 a los 63, el promedio para una conversación normal en un salón grande, aunque a veces subía hasta los 70, pues quien tenía el uso de la voz subió un poco el volumen, lo suficiente para quedar registrado.
 
Es la última sesión del Encuentro de Cultura Auditiva que tuvo como sede el ITESO, y en el cual se reflexionó sobre cómo librar la batalla contra un enemigo invisible que causa mucho daño: el ruido. En la jornada previa ya se habían abordado temas como la Ley Antirruido de Jalisco, la educación, la salud, la discapacidad y el uso de la tecnología.
 
La última sesión del encuentro, llevada a cabo el 5 de noviembre, tuvo por título “Habitando el sonido”, y en una esquina estuvieron Martha Orozco, académica del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA) de la UdeG; Augusto Chacón, director del Observatorio Jalisco Cómo Vamos; Jimena de Gortari, académica del Departamento de Arquitectura, Urbanismo e Ingeniería Civil (DAUIC) de la Universidad Iberoamericana (Ibero) Ciudad de México, y Óscar Castro, director del Departamento del Hábitat y Desarrollo Urbano del ITESO. En la otra, el enemigo común: el ruido.
 
¿Por qué el ruido es el enemigo? Martha Orozco dio algunos datos recabados en diferentes investigaciones: 75 por ciento de los habitantes de las ciudades industrializadas padece algún grado de sordera y mil 100 millones de personas, de entre 12 y 35 años de edad, tienen afectaciones en su capacidad auditiva por exponerse al ruido recreativo.
 
¿Le gusta ir de antro, a conciertos o escuchar música en aparatos electrónicos? Entonces quizá forma parte del 66 por ciento de los adultos jóvenes que tienen alteraciones auditivas por exponerse a este tipo de ruido.
 
Pero no todas las exposiciones al ruido son voluntarias, de ahí que cerca de 300 millones de personas en el mundo sufren los efectos de la contaminación auditiva. ¿Cuáles? Estrés, alteraciones de sueño, fastidio, déficit en el rendimiento cognitivo y enfermedades cardiovasculares. 
 
Las cifras de Martha Orozco se combinan con las que presentó Jimena de Gortari: tres por ciento de las muertes por enfermedad coronaria pueden ser atribuidas a la contaminación acústica. Por otro lado, está comprobado que a mayor cantidad de ruido hay un mayor número de ingresos a los hospitales, más llamadas a los números de emergencias y más enfermedades cardiacas.
 
“Todos somos responsables”, dijo Jimena de Gortari y destacó el derecho al silencio. La académica compartió el Decálogo contra el Ruido, un listado de propuestas que incluye hacer conscientes a las autoridades de la importancia del control de ruido, pensar en los impactos a la salud en las decisiones en materia urbana, realizar foros de participación ciudadana para mediar conflictos relacionados con el ruido y promover más estudios sobre el ruido ambiental y sus efectos.
 
“Debemos pasar a la acción y tejer lazos entre ciudadanos para pasar de una cultura del ruido a una cultura del silencio”, sugirió De Gortari. 
 
Augusto Chacón comentó que desde Jalisco Cómo Vamos, observatorio que mide la calidad de vida con base en diferentes parámetros, se detectó que los ciudadanos cada vez están más insatisfechos con el ruido en la ciudad, y añadió que esto es un síntoma porque la persistencia del ruido “permite conocer de primera mano la ausencia de autoridad. El ruido que nadie controla pone en evidencia que los ciudadanos no importamos, que importan otras cosas”. Los negocios, por ejemplo, que no son multados a pesar de que excedan la norma. 
 
Jimena de Gortari sostuvo que la contaminación auditiva es un problema que debe atenderse desde diferentes frentes. “Hay que ‘transversalizar’ el ruido a cualquier política pública”. Por ejemplo, cuando se habla de ‘redensificar’ ciertas zonas de las grandes ciudades, nunca se piensa en las implicaciones que esta medida puede tener en temas de ruido y contaminación acústica.  
 
Los ponentes intercambiaron ideas con el público y hablaron de la importancia de la denuncia, a pesar de que las autoridades no respondan; de involucrar a la academia, de que la información debe llegar al grueso de la población y de crear conciencia para que la gente se apropie del conocimiento.
 
La académica de la Ibero ejemplificó el trabajo conjunto del Observatorio Interdisciplinario del Ruido (OIR), la Cruzada contra el Ruido y el Proyecto de Aplicación Profesional (PAP) “Escucha México, estrategias gráficas y cultura auditiva” del ITESO. 
 
Mientras ellos hablaban, Lluvia y David se intercalaban para seguir haciendo señas con las manos y gestos con la cara. La pantalla siguió llevando la gráfica del sonido en la sala y de pronto el medidor registró 82 decibeles, la medición más alta en la última hora. Pero todo está bajo control. La sesión ha terminado y la gente aplaude poniendo broche final al primer Encuentro de Cultura Auditiva.